Mi historia
A lo largo de mi vida siempre he llevado una espinita clavada: la de no haber podido cursar estudios de arte como me hubiera gustado. No fue por falta de ganas, ni de capacidad, ni de sueños, sino por circunstancias que, en su momento, no me dieron otra opción. Esa ilusión quedó guardada en un rincón de mi alma, como una deuda pendiente conmigo misma y esa tristeza al grabarlo es la que me ha impulsado a valorar otras formas de aprender y crecer. Como con esta historia, mi historia.
Emprendimos un pequeño negocio contando con la ayuda de un funcionario de la administración pública, con quien mantuvimos una relación profesional hasta su jubilación. Un año más tarde, nos reencontramos por casualidad en Facebook y descubrimos una pasión en común: la pintura. Comenzamos a compartir nuestras obras y consejos, hasta que un día, él me confesó, que pintaba sus acuarelas en cartón porque padecía cáncer y usaba el reverso de las cajas de medicamentos como soporte.
Este momento marcó un punto de inflexión en mi vida. Tiempo después, lo visitamos y él nos regaló un pañuelo pintado que había realizado en un curso de pintura en seda con la promesa de asistir, con nuestras parejas, a un taller cuando se recuperara. Las dos familias comenzamos a comparar momentos, comidas, excursiones… pero con el tiempo el contacto disminuyó, y antes de finalizar ese año, él falleció.
Su muerte me conmovió profundamente, y me levó a reflexionar sobre mis sueños postergados siendo más consciente de que la vida puede irse en un abrir y cerrar de ojos. A partir de ese momento, decidí emprender un nuevo camino, el del arte textil, concretamente sobre seda. Y así fue como descubrí que la unión entre la forma y el azar de los tintes, encondían la mejor MAGIA.
A través de ella me expreso para recordar y no perder aquello que nos sostiene sin que lo sepamos: los destellos de la infancia, los instantes pequeños que modelan nuestra identidad y que reunidos nos construyen. En mis obras habitan memorias que parecen frágiles, pero que son el hilo firme de quienes somos. Busco en la naturaleza símbolos de la verdad: paisajes, hojas, alas, flores...todo lo cotidiano es un territorio sagrado que amplifico y honoro.
Celebrar las pequeñas cosas, es para mi, una forma de volver a casa.
Desde entonces continuo desarrollando esta pasión, que hasta hoy, sigue siendo parte fundamental de mi vida.
